La Silla de Águila. Carlos
Fuentes
Ed. Alfaguara,2003.
Carlos Fuentes ha recuperado el género de la epístola en su Silla del Águila. Con las cartas de sus personajes ha hilado una trama de la que él se distancia hasta perder la voz por completo en su propia novela. Estas voces son sonido con carácter y personalidad labrada a medida que avanza la epístola y Carlos Fuentes ha sabido potenciar el valor de cada carta, ese extraordinario poder de expresión que tiene el ser humano con un boli en la mano aunque nunca antes lo haya cogido. Por eso el lector conoce a los personajes mucho más que por sus palabras, por la misma gramática, por la organización o la carencia de la misma en una carta, por la función de misiva, por ser documento oficial, porque una súplica sabe mejor y más sincera si lleva fecha y firma, por el vocabulario básico o laberíntico, porque no hay declaración de amor más sincera que la transcrita, porque sexo y deseo saben más y más fuerte si están escritos y porque la política, un tema crucial en esta novela, es más corrupta si se constata con cartas y más zafia si se puede leer una y otra vez. Carlos Fuentes ha inventado un mundo donde la epístola no es género de elección, sino el único modo que los personajes han encontrado para comunicarse tras una avería del satélite que ha dejado a México sin teléfono y sin red en el año 2020. Vuelven las técnicas clásicas para comunicarse, donde todo queda reflejado en el papel, en este mundo de muchas cosas que esconder y secretos ya no tan bien guardados.
La política y sus entretelas son la base de esta historia y Carlos Fuentes se vale de ellas para hacer una denuncia de la situación actual mexicana y se atreve, dice, a generalizar con el mundo entero. Siempre ha sido autor de enorme fuerza como comentarista político y ya en obras anteriores nos tenía acostumbrados a la crítica social pero es en La Silla del Águila, -cuando paradójicamente se declara autor invisible- donde más fuerza tiene como analista de su tiempo. El mismo título así lo revela: Este águila es el águila símbolo de la bandera mexicana y este sillón es descanso presidencial. Una pata en la portada del libro pisotea una Constitución maltratada y Carlos Fuentes confiesa haber retirado del dibujo inicial el águila porque la censura mexicana así lo aconsejó antes de su publicación. La ilustración es un guiño más de tantos otros que el lector puede encontrar: Castro, con 93 años, sigue dando guerra en el 2020 de Carlos Fuentes, Jagger cumple los 80 y sigue siendo el roquero inmortal.
Pese a las insistencias de Alfaguara durante la rueda de prensa de dirigir
la conferencia del autor hacia vías literarias, Fuentes tuvo que responder
a las innumerables preguntas sobre la situación política que plantea
en su libro así como a cerca del conflicto internacional actual. Con
palabras escépticas afirmó no haber escrito una profecía
sino una invención, un juego literario en el que por primera vez no quiso
ser el “autor metiche” y dejar hablar a los personajes por si solos.
Sin embargo, el lector comprobará que este libro es un espejo del México
de hoy, sin tener que viajar más allá del día de mañana,
de una democracia inventada y de un mundo de poder esta vez escrito en cartas.
Susana Gómez San Segundo